Una historia que no quisieramos contar

Esta historia nace en el Departamento del Cauca, en el Municipio de Miranda, un municipio ubicado en las goteras de Cali, su belleza paisajística, sus amplias calles, los inmensos Samanes adornan la cadena de parques donde los y las mirandeños se dan cita para refrescarse de las tardes de calor y disfrutar de los cholados que alientan la conversa entre unos u otros.

Una señora al ver pasar la Camioneta de la Fundación FEDAR, nos invita a la conversa y nos cuenta, que hace unos años la Administración Municipal construyó una gran sede para brindarles abrigo a  las personas adultas mayor, sin embargo esta sede nunca cumplió su propósito y con el pasar de los días su deterioro físico fue alejando a las personas que sentían que en este espacio se podía desarrollar un proyecto social y fue acercando a las personas que convertirían esta infraestructura deteriorada en su espacio de vivienda Con el pasar de los meses se aumenta el deterioro, convirtiéndolo en un espacio de nadie, esto abre la puerta para habitantes de la calle, donde se consume drogas, y se producen todas las acciones que atenta contra los derechos fundamentales de las personas, los que habitan en este espacio, los que pasan por sus linderos y también los mismos habitantes de la calle.

En este espacio “vive” una familia compuesta por la señora Dora Piedad Guelga Erazo cuya edad cronológica sobrepasa los 60 años, ella tiene una discapacidad auditiva profunda ligada a una discapacidad cognitiva, doña Dora es madre soltera y tienen dos hijos un hombre llamado Álvaro quien tiene aproximadamente 35 años, y Carmen de 21 años, quien tiene síndrome de Down con una discapacidad cognitiva que podríamos catalogar como “severa” con un lenguaje verbal incipiente que impide la comunicación con el interlocutor, Álvaro construye una relación de pareja estable con una  mujer con discapacidad mental, que no cuenta una intervención terapéutica, presentando episodios de crisis cada vez mas frecuentes, que la llevan a la vulnerabilidad de sus derechos fundamentales, de la relación de pareja de Álvaro y su compañera nace un niño que hoy tiene aproximadamente 7 años.

La conversa con nuestra amiga nos lleva a visitar esta familia y conocer lo que al interior está ocurriendo, nos recibe la compañera de Álvaro y sin mediar palabra comienza a hablar sin parar, en su discurso cuenta “No es la primera vez que violan a Carmen, muchas veces yo he llegado y ante los alaridos de Carmen, he corrido a espantar a esos +*>*&* que salen corriendo por las ventanas y se pierden en el monte”.

Hoy Carmen, quien se cree presenta síndrome de down, ( No estaría seguro de afirmar esto, pero si puedo afirmar que su discapacidad cognitiva es severa) esta en embarazo producto de una violación, posiblemente inicia su séptimo mes, no se sabe exactamente en que mes de embarazo se encuentra porque su acompañamiento médico ha sido muy complejo, cuando el médico intenta obscultarla Carmen asume que es una nueva violación, entonces reacciona violentamente y se “defiende” con todas sus fuerzas, impidiendo cualquier posibilidad de intervención médica.

Carmen y su familia permanecen pacientemente viendo pasar los días, mientras el abandono en que se encuentran pone en riesgo la vida de ella y su bebé. Todos los miembros de la familia salen temprano en la mañana al rebusque diario, Carmen queda solo con la compañía de su madre, esperando que avancen las horas del día y que llegue el momento del parto, un parto que por su puesto será de alto riesgo, un parto que de no hacer algo urgente, algo inmediato, será atendido por Doña Dora Piedad Guelga. Y créanme que no sé si doña Dora tenga la suficiente habilidad, destreza y conocimiento para garantizar la vida de la madre y su bebé.

Tengo la certeza que de la fuerza de la Red saldrán ideas que nos ayuden a cambiar el rumbo que esta historia lleva, tenemos la certeza que juntos podemos hacer visible esta historia, y evitar que nuevas historias de este tipo se sigan construyendo en nuestro país.

Por ahora lo que ocurre en Miranda en la calle 23 con carrera 6 esquina en un sitio llamado Piedra y Cielo es responsabilidad de todos y todas.

Posiblemente Carmen espera que sus días venideros vengan más tiernos, mas fraternales, más solidarios, posiblemente Carmen pueda disfrutar de abrazos cargados de respeto por su cuerpo, por sus sentimientos y su sensibilidad.

Posiblemente Carmen desea disfrutar de los derechos que deben tener todas las mujeres de nuestro país.

Posiblemente Carmen y su Madre quisieran que esta cadena de violaciones, de maltrato, de humillación paren por siempre y su bebé no sea más  un eslabón de una historia que nos rompe el alma, que nos avergüenza y que nos hace llorar en silencio.

 

RICARDO COBO DÍAZ.